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SANAMOS DESDE LO COLECTIVO

Blog Anita Picardi

La salud no depende de lo externo ni de lo que hacemos, sino más bien de aprender a escuchar y responder el impulso que viene de adentro y de cómo eso se integra en todo lo colectivo que nos rodea. 

“En realidad una persona sola no se sana.
Lo que te sana es rodearte de personas sanas.”

La mala noticia es que disponemos de una idea de salud bastante distorsionada y eso provoca confusión y que todavía nos encontremos alejadas de nuestra capacidad natural de sanar. Todavía no hemos comprendido que el potencial de la salud habita en la consciencia y la conexión con lo  colectivo, que es lo que nos aporta comprensión sobre cómo funciona nuestro organismo. 

Una célula aislada y que trabaja por su cuenta sin considerar el tejido que la rodea es muy parecida al proceso de un cáncer. En cambio ¿te has fijado en qué sucede cuando las células saben hacia dónde van y cómo tienen que actuar? 

Si no lo sabes te invito a que lo investigues por ti misma y que después te hagas el regalo de imaginarte que de alguna manera, tú también eres una célula en un organismo, ligeramente más grande, y que posiblemente no tengas ni la más remota idea hacia dónde se dirige este organismo tan grande en el que habitas. Así que si me aceptas un consejo; mejor actuar siempre con humildad. Por si acaso. 

Una persona sana no es sólo aquella que se alimenta bien, duerme bien y hace ejercicio. Más que esas puedan ser las causas de una salud adecuada, es muy probable que el poder estar alimentándose bien y cuidando del cuerpo y del descanso adecuadamente sean ya un reflejo de una persona saludable.

Estar y sentirte sana es lo que te lleva a vivir de una manera más conectada al bienestar y no al revés, como creemos y lo que tanto seguimos exigiéndonos hacer a la vez que nos humillamos por no poder llegar a las expectativas que nos venden y nos imponen para supuestamente “estar bien”.  Es muy fácil sentirse bien con una misma y sostener hábitos saludables cuando estás bien, pero ¿a quien no le ha pasado de sentirse “de bajón” y en ese momento darse cuenta que todo lo que se creía que una misma era capaz de hacer no se aguanta ni con un bastón? 

Una persona sana es aquella que ha aprendido a mirarse y a tratarse con amor. 

Sin importar cómo se vea su cuerpo y cuáles sean sus hábitos en un primer momento. Es una persona que intenta respetar cada instante de su vida con escucha y paciencia, entendiendo que formamos parte de la naturaleza y que ésta es cíclica y se habita a sí misma en constante cambio y movimiento. Es una persona que sabe que los frutos de algunas flores llegan en cada primavera y en cambio, el de tantas otras tan sólo florecerán una sola vez en toda su existencia.  Es una persona que acepta, aunque duela, que cada cuál tiene su belleza, su naturaleza y su propia sabiduría interna. 

Una persona sana puede estar presente, y la presencia es precisamente lo único que nos sana. 

Por qué es una persona que ha aprendido a quedarse con ella sin querer cambiar nada. Se mueve a un ritmo lento cuando no hay motivo por el que correr y acelera si tiene que hacerlo porque en su cuerpo  no hay suficiente miedo, ni tensión ni vergüenza que la frene. Y si la hay, todo su sistema ha aprendido a regularse para adaptarse al momento; disolviendo las defensas que la desconectan, y todo esto,  mayoritariamente sin pensar. 

La verdad es que tú también sabes hacerlo, tu cuerpo es el que sabe, lo que pasa que sigues conectada a una percepción de la salud y del mundo que está distorsionada y eso te está confundiendo. 

Te entrenaron para creer que necesitas vivir condicionada por las normas y estructuras de cierta burbuja de cristal de la cuál sigues dependiendo porque todavía no te has atrevido a  cortar “el cordón umbilical”.  

Todas tenemos una “burbuja de cristal” que nos alimentó y nos protegió en su momento, pero que ya no necesitamos más. Por un momento date el permiso para conectar con tu propia burbuja de cristal e imagina  dónde te llevaría la inercia si pudieras flotar, como una célula conectada al servicio de un sistema colectivo con total confianza y libertad. 

Nuestros instintos de supervivencia, que son lo que nos mantuvieron con vida y también nos llenan de energía cada día, se han quedado dormidos.

Pero no pasa nada. Por qué una persona sana no se asustará de tu oscuridad ya que se reconoce en su propia ceguera cuando se pierde en sus penumbras más profundas. Una persona sana, podrá ofrecerte la chispa que necesitas para reavivar el fuego de tu corazón con el amor de la presencia que con el tiempo se ha currado y ha aprendido a sostener y encarnar.  

Una persona sana te dará la mano sin pensárselo porque sabe cómo se siente una entre sus propias aguas cuando no sabe a dónde ir.

Las personas nos necesitamos las unas a las otras. Y permíteme que diga, que no te creas a nadie que te diga lo contrario. Para crecer, sanar; para curar antiguas “sarnas”, y poder evolucionar sin excluir. Porque todo lo que se excluye, ataca. 

Nuestros sistemas todavía pertenecen a lo animal y el tiempo está cambiando tan deprisa que todavía no sabemos cómo nos tenemos que adaptar. El tiempo y sobre todo, el cuerpo, nos dirá.  El calor humano, una mirada amiga, un contacto sin intención o un abrazo reparador… NOS SANA. 

Las personas no sanamos solas, porqué cuando estamos solas nos asustamos. La creencia humana que se piensa intocable y vive anclada a la idea de que nada podrá nunca hacerle daño, es una creencia infantilizada en la que una sigue creyendo que papá, mamá o el departamento de la “seguridad social”  están al otro lado del cordón umbilical. 

Por supuesto, si con todo el dinero que has ganado puedes permitirte vivir en un bunker climatizado o en un ático insonorizado quizás hayas conseguido crear tu propia burbuja de cristal, con un nuevo y personalizado “cordón umbilical”. ¡¿Qué ideal verdad?! 

Si me garantizas que eso es sano, déjame que me siente a escuchar y contéstame a esta pregunta, ¿de qué te estás escapando? 

Las personas sanamos con otras personas, porqué nos reflejamos y nos damos cuenta de quienes somos a través de lo que sucede cuando interactuamos con el otro. Por qué si no has tenido un papá y todavía no te has dado cuenta,  lo vas a buscar.  Y si nadie te ha enseñado a cómo se sobrevive en un cuerpo humano en estos tiempos, es mejor que busques a un maestro del que te puedas inspirar. 

Lo que sucede es que si la mayoría de personas seguimos perturbadas, cada vez resultará más complicado discernir correctamente para reconocer cuáles son las que están al servicio. Dispuestas a inspirarnos sin manipular. Desde lo humano, lo sencillo y lo amoroso, compartiendo y creciendo en contacto con la valiosa verdad. 

Es algo que más que comprenderse, tienes que sentirlo en el cuerpo y no desde lo mental.  

Observa lo que le está pasando a tu cuerpo en este momento mientras escuchas esto y te darás cuenta si lo que yo estoy tratando de comprender es algo que tiene que ver con lo que tú también estás. 

Necesitamos nuevos referentes y es urgente. 

Personas que asuman su poder, que no tiene nada que ver con lo que creemos, tenemos o hacemos. Personas con un corazón abierto y llenas de valor y fortaleza para poder sentarse a escuchar la necesidad de lo que hace falta. 

Simplemente sentarse a escuchar la necesidad de lo que hace falta. Un gran ejercicio de entrega y humildad. 

Dejar de ser una célula aislada y rebelde que va por libre cogiendo cada vez más espacio en lo conjunto y sin dejar respirar a las demás. 

Como afuera es adentro, dicen.  Y si lo que quieres es transformar al mundo, lo primero, es encontrar el valor para  bajar al cuerpo.

Con devoción, humildad y profundo respeto. 

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